viernes, 2 de enero de 2015

Háblame






Háblame,
dime qué debo hacer
con este ciego anhelo,
con este sueño utópico, profano,
con este amor real pero lejano
que pobló de ilusiones
mi negra soledad.

Háblame,
no me tengas privado de tu voz,
de esa cálida voz que otros inviernos
llegaba como bálsamo a mi oído,
como dulce veneno curativo,
paliando mi dolor.

Ayúdame a cortar
esta fría cadena que me ata a mis miedos,
que me sujeta el alma que muere por volar.

Dime que sigo siendo para ti
luz de la aurora,
perfume penetrante en la mañana,
aire fresco de abril.

 Cuéntame, como entonces,
que pronuncias mi nombre en la penumbra,
que sueñas con mi cuerpo
sobre tu cuerpo en flor,
que me llamas a gritos
entre ardientes delirios de pasión
bajo una luna llena que te arropa
con su velo de seda
cual cómplice hechicera del amor.

Háblame,
no me dejes vivir
sin la hermosa quietud de tus palabras,
no me dejes
sufrir de incertidumbre, de tristeza,
esperando la noche de mi tiempo
soportando el diabólico tormento
de tener que vivir siempre sin ti.

Desde esa lejanía que un día nos unió
envíame tu voz
para que mis mañanas sean radiantes
incluso entre la niebla de tu ausencia,
incluso bajo el cielo ceniciento
de tu perdido amor.