jueves, 31 de julio de 2014

Conil








Acuarela con barcas de mil colores
recortando siluetas sobre la mar;
casitas agrupadas, blancas de cal
y en la playa, turistas y pescadores.

Es verano y la noche se vuelve fiesta,
por las calles se vive, pleno, el amor;
en la plaza hay adornos de cadenetas
y en el aire compases de acordeón.

Mañana de domingo. Sobre la arena
de la playa, mil voces. El cielo añil.
Se subastan cigalas y camarones,
sardinas, pescaítos y boquerones
recién sacados de la mar de Conil.

                                   1990 (Reedición)












viernes, 25 de julio de 2014

En el azul





Envuelta en el azul, contemplas el fulgor de esos rayos de sol que pugnan por brotar –luminosa esperanza-  tras unas nubes grises cargadas de soberbia.

Te extasías sentada en la baranda, mirando al infinito confín de tu tristeza y añorando, tal vez, la intensa sensación que te dejó aquel beso que, en un atardecer de sueños consentidos, dejaron en tu boca.
Y tal vez sea por eso que, embriagada de azules y silencio, vuelves a ser gaviota ilusionada volando sobre un mar infinito de amores ya lejanos.

Mientras, sobre el mármol glacial de la baranda, indefensa e inerte, solitaria y dolida de abandonos... se desmaya la rosa.






jueves, 17 de julio de 2014

Tanka 1





                                Allá en el río
                                       dos cuerpos encendidos
                                       queman sus ansias.
                                       Sigue ardiendo la tarde
                                       más allá del ocaso.




jueves, 10 de julio de 2014

Summertime/Impresiones





Gime el saxo en la azotea del viejo casino, frente a la playa de los ingleses. La pequeña orquesta se vacía tras una noche entera sin parar de tocar.

En la pista de baile, la última pareja apura el sabor de un largo beso que comenzó de madrugada, allá en el rompeolas.

La mañana reparte las nostálgicas notas a golpe de brisa y las lleva hasta el pinar que asoma por oriente, coronado ya de soles amarillos. Y los pinos comienzan a bailar con ritmo acompasado, moviendo suavemente sus redondas melenas de agujas puntiagudas.

Mil destellos brillantes surgen de entre las aguas de un mar aún dormido. Son diamantes tallados a golpes de agua y luz.

Un borracho de alcohol y soledad deambula por entre las dunas lanzando improperios al aire. Un famélico perro de ojos tristes, lo mira silencioso.

Mañana de domingo. El reloj de la torre deja caer las once.

Las gaviotas comienzan su propio festival de risas estridentes mientras sobrevuelan la lonja, hoy cerrada. Ellas ignoran todo sobre calendarios.

Y yo, sentado sobre un peñasco verdinegro amante de las algas, me eternizo mirando la bella inmensidad de un mar rizado apenas. Mientras, pienso en ti, como todos los días, como todas las horas...