sábado, 10 de mayo de 2014

Agnóstico




Imagen de internet



Queda el eco del órgano siniestro
tras el réquiem de misa de finados,
el aroma de cirios apagados
y el susurro de un frío padrenuestro.

Y quedan las miradas ansiosas
entre "osannas" y "dóminus bobiscum"
a aquel reloj de agujas perezosas.

Los cientos de sermones del domingo
no pudieron hacer que las semillas
brotaran en mi incrédulo barbecho.

¡Era todo tan pío, tan perfecto,
tan fácil de abrazar y tan rotundo,
que no podía ser cosa de este mundo
un dogma que insultaba al intelecto!