lunes, 31 de marzo de 2025

Espejismos ( II )

 

                                                                              II

Eran bellas estatuas de cartón-carne que alegraban la vista, que infundían ilusión a los extenuados y sedientos adolescentes que éramos entonces, hartos de caminar en solitario por el vasto desierto del amor. Vestían largos abrigos color tierra (¿color carne?) y allí, entre las acacias de la plaza –auténticas palmeras de un oasis-, todas puestas en orden como para un posado de estrellas de cine, se nos antojaban diosas, diosas vírgenes con alma de domingo.

Luego, entre todas, una. La de melena negra y brillante. La de piel rosada por el frío de enero. La de ojos color miel con brillos irisados cual dos piedras de ámbar muy pulidas. Su nombre era Candela y no era para menos: imposible llamarla de otra forma. Quemaba de tan solo mirarla bajo el manto de nubes blanquecinas de aquel invierno gélido. Y si tenías la suerte de que sus ojos se fijaran en los tuyos, la mañana de enero se transformaba en cénit sofocante de un agosto en fiesta entre trigales.

Y cuando al fin llegaba verano y con él las esperadas fiestas de agosto, todo se vestía de gala, incluidos los corazones. De repente, cualquier mañana de las de comienzo del mes, amanecía el día con colores distintos, más luminosos, más exóticos. Con aromas distintos donde los humildes dondiegos del cine de verano apagaban su aroma para dar paso al romero en los coloridos balcones o al poleo y la juncia de los pocos arroyos que aún tenían agua. Con sonidos armónicos que, provenientes de los aparatos de radio de cada hogar, nos hacían caminar moviendo nuestros cuerpos calle abajo aún algo oxidados por el frío del último invierno.

Y a la noche, el baile. Era aquel un patio amplio, con naranjos y un escenario en altura donde cinco músicos de melenas generosas animaban el ambiente lo mejor que sabían. Ellas, flores multicolores con minifaldas ajustadas, coloretes en las mejillas y brillo en los ojos, se sentaban alrededor de la pista a esperar a que las sacaran a bailar. Y nosotros, cual abejorros revoloteando a su alrededor, dábamos vueltas y vueltas buscando la flor adecuada, la más colorida, para libar algo de su esencia agarrados a su estrecha cintura de flor silvestre. Y cuando la más hermosa, la más deseada, te decía que sí, que bailaba contigo, el mundo parecía ceder bajo tus pies de hombrecito en ciernes. La música de la orquesta se transformaba entonces en dulce miel para los sentidos. Y nuestros corazones brincaban al compás de los golpes de la batería. Y aunque solo fuera un baile (más daba que hablar) ya era suficiente para regresar más tarde a casa flotando sobre los rollos de las calles empedradas y solitarias a esa hora mágica y feliz. Los sueños se vestían de bosque frondoso de relajantes sonidos. Los labios se humedecían y el cuerpo entero se elevaba hasta alcanzar un estado nunca alcanzado. Y todo ello solo de pensar en ella, en sus ojos , en sus caderas…Las mismas que estas torpes manos habían logrado al fin tocar.

 

Tras las fiestas, en septiembre, cuando el nuevo curso empezaba allá en la ciudad, nos íbamos en bloque en busca de la cultura, del saber, del porvenir. Por Navidad, la fiebre del verano empezaba a declinar. Y en la siguiente primavera, terminaba por desaparecer definitivamente… Y aquella Candela que  iluminó mis inviernos, poco a poco, desde entonces, comenzó a llamarse Olvido.


                                                  


 

2 comentarios:

  1. Mmm.. qué bonito escribes/describes JOAQUIN ! cuánta expresividad y sentimiento en tus letras ! y no, ya ves q Candela ha perdurado y nunca ha sido olvido, alucinada la dejabas si después de imagino tantos años leyera estás preciosas letras tan encendidas y radiantes como aquellos años q estarán lejos en el calendario , en tu mente ayer es hoy y nosotros disfrutamos contigo de ello, enhorabuena de corazón! un texto q revisa energía primaveral por todas los poros/letras : )
    Un fortísimo abrazo mi querido profesor y feliz abril !

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  2. Un tiempo en el que tanto mis hermanos varones como yo lo hemos vivido en el pueblo, son recuerdos bonitos. Europa y Santana ¡Geniales!.

    Abrazos.

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