miércoles, 23 de abril de 2025

THE BEATLES

 

 


Cuando hoy escucho de nuevo la música de los Beatles, automáticamente viajo en el tiempo a aquellos inviernos de los últimos 60, de mañanas lluviosas y húmedas y tardes soleadas y ventosas. Una lluvia aquella generosa pero suave e inocua que traía de la mano la bonanza de las tardes para pasear de la mano de la chica con la que soñábamos. Vuelvo a aquellos bares de la Plaza Mayor donde nos reuníamos decenas de estudiantes adolescentes en las mañanas de los sábados para hablar, para gritar, para fumar y beber sin medida (cuando había money) y, sobre todo, para escuchar música. En cada sitio había una de aquellas máquinas mágicas que por una moneda te regalaba tu música favorita. Se llamaban Sinfonolas y por entonces eran el colmo de la modernidad. En su interior guardaban cientos de canciones de moda esperando pacientemente la mano que las activara para llenar el local de notas, de ritmos que nos obligaban a bailar como posesos y que llenaban nuestras cabezas juveniles de sueños. Un tiempo, el de los felices sesenta, irrepetible, sobre todo porque éramos jóvenes y en nuestras venas sentíamos el nuevo amanecer de un tiempo distinto, mucho más luminosos que el que dejábamos atrás.

 

The Beatles forman ya parte del selectivo grupo de los clásicos y con todo mérito. Son considerados uno de los iconos culturales más grandes del siglo XX. Desde 1962 hasta su separación en los primeros 70, estuvo integrado por John Lennon (1940-1980), Paul McCartney (1942- ), George Harrison (1943-2001) y Ringo Satarr (1940- ). Por entonces, en sus comienzos, fueron muy criticados por las generaciones anteriores a la mía. Unas generaciones que venían de la copla, del bolero o, como mucho, de los ritmos más atrevidos de la época como eran el twist o el fot-tross. Los chicos de Liverpool revolucionaron la música, nadie cambió el panorama musical de la época como ellos. Se hicieron tan famosos que, sin pretenderlo, crearon una doctrina, la beatlelmanía. Mientras los jóvenes comenzaron a cortarse el pelo como ellos, a moverse como ellos, las jovencitas comenzaron a acortar las ya de por sí cortas minifaldas a la vez de afinar sus voces para gritar a pleno pulmón ante la presencia de sus ídolos. Cada salida de su Liverpool natal suponía un acontecimiento mundial. Así sucedió en Hamburgo (Alemania) , a donde viajaron varias veces desde sus comienzos y dónde se puede decir que se formaron como banda. En Estados Unidos a donde viajaron por primera vez en 1964 cuando ya eran mundialmente conocidos y que fueron recibidos en el aeropuerto Internacional John F. Kennedy por unas tres mil personas. O en España a donde llegaron en Julio de 1965 logrando revolucionar a todo un país con ganas de fiesta en plena dictadura franquista.




Con el comienzo de la década de los 70 comenzó también la ruptura del grupo. Una serie de circunstancias tanto personales como sociales y hasta políticas, dieron al traste con este grupo que había conquistado el mundo en la década anterior.

La influencia de The Beatles en la cultura popular fue, y sigue siendo, enorme. Vendieron más de mil millones de discos por todo el mundo siendo catalogados como la banda que más discos han vendido en todas las épocas. Su legado: Trece álbumes y algunas películas pero, sobre todo, la enorme influencia de su estilo musical y su modo de vivir que dejó una huella perenne por muchas décadas y muchas generaciones más.

 

 


lunes, 14 de abril de 2025

Por pies

 

A veces lloramos porque no llueve,

porque la sequía echa a perder nuestros campos

y hasta sacamos  los santos a la calle

para que nos traigan la lluvia...

 

Y  otras veces lloramos porque llueve,

porque esa lluvia no nos permite 

sacar a los santos a la calle en Semana Santa.

 

Y si además, por añadidura,

permanecemos impasibles

y no derramamos ni una sola lágrima

por los miles de problemas graves presentes a diario en el mundo

mientras nos exaltamos hasta la violencia

porque a nuestro equipo no le han pitado el penalti de turno

este domingo…

 

...¿Cómo nos extrañamos entonces

de que Dios esté siempre tan callado

y no se acuerde para nada de nosotros ?

 

Está claro, un día ya lejano

Dios salió por pies de este país de locos

y nos dejó a solas con nuestras neuras

para evitar contagiarse de tanta estupidez.

 

lunes, 31 de marzo de 2025

Espejismos ( II )

 

                                                                              II

Eran bellas estatuas de cartón-carne que alegraban la vista, que infundían ilusión a los extenuados y sedientos adolescentes que éramos entonces, hartos de caminar en solitario por el vasto desierto del amor. Vestían largos abrigos color tierra (¿color carne?) y allí, entre las acacias de la plaza –auténticas palmeras de un oasis-, todas puestas en orden como para un posado de estrellas de cine, se nos antojaban diosas, diosas vírgenes con alma de domingo.

Luego, entre todas, una. La de melena negra y brillante. La de piel rosada por el frío de enero. La de ojos color miel con brillos irisados cual dos piedras de ámbar muy pulidas. Su nombre era Candela y no era para menos: imposible llamarla de otra forma. Quemaba de tan solo mirarla bajo el manto de nubes blanquecinas de aquel invierno gélido. Y si tenías la suerte de que sus ojos se fijaran en los tuyos, la mañana de enero se transformaba en cénit sofocante de un agosto en fiesta entre trigales.

Y cuando al fin llegaba verano y con él las esperadas fiestas de agosto, todo se vestía de gala, incluidos los corazones. De repente, cualquier mañana de las de comienzo del mes, amanecía el día con colores distintos, más luminosos, más exóticos. Con aromas distintos donde los humildes dondiegos del cine de verano apagaban su aroma para dar paso al romero en los coloridos balcones o al poleo y la juncia de los pocos arroyos que aún tenían agua. Con sonidos armónicos que, provenientes de los aparatos de radio de cada hogar, nos hacían caminar moviendo nuestros cuerpos calle abajo aún algo oxidados por el frío del último invierno.

Y a la noche, el baile. Era aquel un patio amplio, con naranjos y un escenario en altura donde cinco músicos de melenas generosas animaban el ambiente lo mejor que sabían. Ellas, flores multicolores con minifaldas ajustadas, coloretes en las mejillas y brillo en los ojos, se sentaban alrededor de la pista a esperar a que las sacaran a bailar. Y nosotros, cual abejorros revoloteando a su alrededor, dábamos vueltas y vueltas buscando la flor adecuada, la más colorida, para libar algo de su esencia agarrados a su estrecha cintura de flor silvestre. Y cuando la más hermosa, la más deseada, te decía que sí, que bailaba contigo, el mundo parecía ceder bajo tus pies de hombrecito en ciernes. La música de la orquesta se transformaba entonces en dulce miel para los sentidos. Y nuestros corazones brincaban al compás de los golpes de la batería. Y aunque solo fuera un baile (más daba que hablar) ya era suficiente para regresar más tarde a casa flotando sobre los rollos de las calles empedradas y solitarias a esa hora mágica y feliz. Los sueños se vestían de bosque frondoso de relajantes sonidos. Los labios se humedecían y el cuerpo entero se elevaba hasta alcanzar un estado nunca alcanzado. Y todo ello solo de pensar en ella, en sus ojos , en sus caderas…Las mismas que estas torpes manos habían logrado al fin tocar.

Pero un año, tras las fiestas, en septiembre, cuando el nuevo curso empezaba allá en la ciudad y salíamos del pueblo en bloque en busca de la cultura, del saber, del porvenir, todo empezó a cambiar. Por Navidad, la fiebre del último verano empezaba a declinar. Y en la siguiente primavera, terminaba por desaparecer definitivamente… Y aquella Candela que  iluminó mis inviernos adolescentes, poco a poco fue perdiendo brillo y calor. Y justo desde ese momento, comenzó a llamarse Olvido.