jueves, 8 de octubre de 2026

Acróstico para Marilyn

 

Afloran de la fuente de tus ojos
Manantiales de risa cristalina,
Acallando de forma repentina
Rumores del verano entre matojos.

Inmodesto, huérfano de manojos,
Luce con insolencia libertina
Y engalana tu boca femenina,
Noble, un clavel, entre tus labios rojos.

Maravilla de gracia y donosura,
Obsequio de los dioses para el mundo:
Naciste para prodigar dulzura.

Remolinos con vientos de amargura
Orientados por poderes inmundos,
E
xpoliaron tu vida y tu hermosura.

                                                    "Sonetos descriptivos"

domingo, 4 de octubre de 2026

Ternura

 

No se trata solamente
de gemir sobre tu vientre mientras muero, que también.
No se trata solamente
de aliviar todo el torrente de mis venas.
Ni tampoco, de alcanzar raudo la cima
escalando las paredes escarpadas de tus senos.
No es sólo buscar alivio para el fuego que me abrasa.
Ni dar permiso al deseo un domingo por la tarde...

Es más bien cuestión de tacto, de ternura.
Se trata de explorar mares aparentemente calmos
en busca de sueños nuevos.
Se trata de fondear en tu isla solitaria con un bajel de caricias.
De avanzar serenamente hasta el centro de tu anhelo
y allí explorar la espesura de tu humedecida jungla.
Y, sobre todo, se trata, de hacer que aflore la dicha.
Y guardar bajo mi piel la alegría de tu gozo
para el resto de los días, de los años, de la vida...
para llevarla conmigo.
Se trata, en definitiva,
de dejar en ti mi huella de marino vagabundo;
de bañarte con el agua de este río de soledad
de tantas noches en vela.
De hacer que aflore a tu cielo
todo ese amor que guardabas celosamente escondido
entre sueños sonrosados de doncella ilusionada...

De eso se trata.
De inventar, entre tú y yo, un mundo nuevo, perfecto:
un mundo de amor eterno sólo habitado por dos.

                                    De "Veinte poemas de amor" 

                 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Sin ti

               Huyendo de mi sombra,
negra estela cautiva de tus besos,
llegué con algo turbio en la mirada
porque nunca vi a nadie sonreírme.


En las tristes mañanas,
entre cuatro paredes angustiadas
de oír tanto silencio,
me escapaba a través de la ventana
hacia el cielo infinito
y buscaba tus ojos ambarinos
entre unas nubes,
tan frágiles, tan vacuas,
que se me hacían hilachas desprendidas
de aquel vestido blanco que,
una noche de encendida pasión,
te dejaste enredado entre las zarzas.


Nunca pude encontrar tus ojos en lo alto.
Ni tampoco,
en el fugaz destello de las aguas del lago,
donde un amanecer absurdo y lila,
pensé en ahogar mi llanto.
Nunca encontré tu nombre entre la hiedra
que abrazaba el alero.
Ni pude ver jamás,
entre los crisantemos amarillos,
tu sonrisa hechicera.
 
Tan sólo,
algunos gorriones ateridos
sobre las ramas bajas de un chopo plateado,
me cantaron,
una tarde de lluvia y arco iris,
nuestra triste canción.
Eso fue todo.


Y mientras, yo,
malgastando mi vida, dando tumbos
cual barco a la deriva,
por mares procelosos e incoloros.
Saboreando,
en cada atardecer gris y vacío,
en cada sorbo de pena con limón,
el recuerdo agridulce de tus besos...


                                       De "Veinte poemas de amor"