miércoles, 30 de septiembre de 2026

Sin ti

               Huyendo de mi sombra,
negra estela cautiva de tus besos,
llegué con algo turbio en la mirada
porque nunca vi a nadie sonreírme.


En las tristes mañanas,
entre cuatro paredes angustiadas
de oír tanto silencio,
me escapaba a través de la ventana
hacia el cielo infinito
y buscaba tus ojos ambarinos
entre unas nubes,
tan frágiles, tan vacuas,
que se me hacían hilachas desprendidas
de aquel vestido blanco que,
una noche de encendida pasión,
te dejaste enredado entre las zarzas.


Nunca pude encontrar tus ojos en lo alto.
Ni tampoco,
en el fugaz destello de las aguas del lago,
donde un amanecer absurdo y lila,
pensé en ahogar mi llanto.
Nunca encontré tu nombre entre la hiedra
que abrazaba el alero.
Ni pude ver jamás,
entre los crisantemos amarillos,
tu sonrisa hechicera.
 
Tan sólo,
algunos gorriones ateridos
sobre las ramas bajas de un chopo plateado,
me cantaron,
una tarde de lluvia y arco iris,
nuestra triste canción.
Eso fue todo.


Y mientras, yo,
malgastando mi vida, dando tumbos
cual barco a la deriva,
por mares procelosos e incoloros.
Saboreando,
en cada atardecer gris y vacío,
en cada sorbo de pena con limón,
el recuerdo agridulce de tus besos...


                                       De "Veinte poemas de amor"

domingo, 27 de septiembre de 2026

Tu ausencia

 Te marchaste una tarde de rosas encendidas.

Sin apenas palabras.
Y una pena callada, casi enferma,
se adueñó de mi alma.

¡Cómo dolía tu ausencia!
Tanto,
que ni el loco tropel
de una nueva pasión,
consiguió desterrar de mi tu imagen.
Como un témpano helado
recibía
el efusivo ardor de sus caricias.
Hasta que fui apagando,
impasible, consciente,
todo el fuego que ella se dejaba
encendido en mi hogar.
Desprecié tantas veces
las brasas de sus labios entregados,
que acabaron quemando su ilusión...

¡Triste destino ciego!
Sólo cuando las llamas
prendieron las puntillas de su alma,
fui consciente
de mi terrible error.
Y entonces,
sólo entonces,
comprendí,
que tu dañina ausencia
no tuvo suficiente con romper
un sólo corazón.


De "Veinte poemas de amor"

jueves, 24 de septiembre de 2026

Espérame

 

No vengas.
No regreses.
Que ya no es necesario
Que ya me acostumbré a tu larga ausencia
Ahora seré yo
el que vaya a tu encuentro.
¡Espérame...!
 
Espérame donde la luz es tenue,
donde el rumor del viento es dulce melodía.
Donde el tiempo, indiferente ya,
no destruya nuestros sueños de entonces.
 
Espérame tranquila,
Dibujando mañanas de soles amarillos,
como aquellas que oyeron nuestras risas.
Entonando canciones entre campos de trigo,
Perfilando siluetas sobre el lienzo morado
del gélido horizonte de noviembre.
 
Espérame donde la blanca espuma 
de riachuelos locos
describe remolinos entre cantos rodados
y, abrazada a la piedra lisa y fría,
se rompe en mil pedazos
para morir al fin de desengaño.
 
Espérame en la tarde luminosa
del cálido verano,
como aquel que vivimos junto a un mar
celoso de tu cuerpo.
O en la noche serena y apacible
de un abril con estrellas.
 
Espérame encendida
cual rosa roja de un remoto jardín
huérfano de rocío,
para que yo te empape con la lluvia
de mil noches de espera.
 
Espérame risueña, enfurecida o triste,
que yo sabré encontrarte...
¡Sé que te encontraré
en todos los paisajes de la tierra...!
 
¡Espérame...!

 
                                 De "Veinte poemas de amor"