lunes, 13 de agosto de 2018

Heterodoxo


Tal vez no todo sea tan sencillo
en este mundo nuestro de amantes "satisfechos"
y, bajo la obviedad de la simpleza,
nos espere dormido cualquier duende sin alma
de esos que juguetean con el destino
de los simples mortales
que creen que el amor consiste en copular
una vez por semana
homologando amor con subsistencia.

Quizás lo que hoy es luz intensa y fascinante,
se vuelva oscuridad
cualquier sábado de estos
y entonces, esos equilibrados besos nuestros,
tan tuyos y tan míos,
sin otra opción posible,
se pierdan río abajo de la vida
en busca de otras bocas más ardientes.

O quien sabe, quizás
cualquier tarde de estío,
de esas que se eternizan bajo un sol sofocante,
nos sumerjamos sin apenas quererlo
en unos ojos grandes y serenos
de promesas azules,
tan solo por nadar en otras aguas
menos mansas,
más frescas y excitantes.

Y es que el amor perfecto es utopía
instalada en los yermos corazones
para huir de la negra soledad.
Amar, sí, con el alma en cada encuentro,
pero siempre pensando que a este mundo
si hay algo que lo viste de colores
es su cautivadora variedad.


domingo, 29 de julio de 2018

Momentos (carpe diem)

        
Verdes islas
en un mar de infinitas soledades.
Pequeños manantiales
en mitad del desierto de la vida.
Gotitas de ilusión de ingente fantasía
deslizándose tímidas
por entre los resquicios del hastío
de mil días sin alma.

Instantes sin sentido
que colman de sentido la existencia.
Cúspides de pasión.
Corpúsculos de miel para endulzar
mil ríos de amargura.
Abrazo en la negrura al corazón.

Momentos como estrellas
en un cielo cubierto
de negros nubarrones de rutina.
Fantásticos momentos
para creer que somos
algo más que materia desechable.

¡Antes de que se entreguen al olvido!
¡Abrazad con pasión
los momentos felices de la vida,
antes de que la noche oscura y fría
os haga lamentar no haber vivido!



viernes, 13 de julio de 2018

¿Educación?





  
Me hicieron aprender los nombres de los reyes godos , de los hijos de Jacob, de las montañas más lejanas y de los ríos más largos y caudalosos del mundo, pero nadie me enseñó los nombres de los pájaros o de las flores que me encontraba cada mañana camino de la escuela.

Me hicieron aprender los nombres de los héroes de la patria vencedores en mil batallas contra el enemigo, pero nadie me dijo que en el otro bando también existieron los héroes.

Me obligaron a memorizar las fechas de mil batallas pero no me enseñaron que la fecha más importante para mí sería aquella en la que un día encontraría el amor.

Me educaron en lo conveniente y en lo superfluo y se olvidaron de lo fundamental. Y ahora todos se extrañan de mi actitud rebelde ante las normas sociales o ante la religión y me llaman por ello radical y hasta antisistema. Pero, ¿existe algo más radical que educar a un niño con la única intención de integrarlo en un sistema que es el que conviene a la clase dominante del momento?

El daño social de una educación tendenciosa, sea el sistema político totalitario o no, no sólo dura lo que dure la correspondiente legislatura, sino que sigue estando latente de por vida en las ideas de los individuos que la sufrieron y, por tanto, en la sociedad que esos individuos forman. Tal es el poder de la educación en la infancia. El hombre solamente alcanzará la categoría de ser libre cuando la educación que reciba lo sea también y para ello es imprescindible que esa educación esté desligada del sistema que la lleva a cabo, misión harto difícil conociendo los antecedentes, pero nunca imposible.

domingo, 29 de abril de 2018

Hablo de los cincuenta,tan lejanos.

                            Fotografía de Carlos Saura (España,años 50)

Por la Semana Santa
correteaba las calles
luciendo mi collar de cáscaras de huevo
–restos de las tortillas
que nos hacía mi madre cada año-
sobre mi pecho henchido
y una sonrisa en flor, como una aurora,
en mi cara de niño bien criado
a pesar de los tiempos.

En las fiestas,
sacábamos al sol nuestras mejores galas
y lucíamos los más sanos colores
en nuestra piel curtida de intemperies
y de penas adentro.
Eran tiempos aquellos de plena subsistencia,
sin planes de futuro.
Tiempos donde la vuelta cada noche
al hogar construido a base de penurias,
era la mejor parte que nos guardaba el día. 
Allí, junto a la hoguera de troncos generosos,
 no existían los amos, ni Franco, ni la Guardia Civil,
sólo la risa alegre de los hijos,
sólo la voz amable de la madre,
sólo el brillar intenso de los ojos
de la fiel compañera.

Tiempos de campo y luna,
de miedos y exclusiones.
Tiempos de inviernos crudos,
de perpetuas heladas sobre valles sombríos,
de lluvias generosas y monótonas
sobre viejos tejados con goteras…


Hablo de los cincuenta, tan lejanos,
tan fríos, tan desnudos…
Pero también alegres y hasta esperanzadores,
a pesar de la noche de los tiempos.


domingo, 1 de abril de 2018

Al mar de Huelva en otoño

                                 


                                 Blanco mar marismeño
que ríes con espumas cantarinas
al verte libre al fin tras el estío
de la humana jauría.

Te abrazas a la arena solitaria
con serena alegría
mientras vas temperando las mañanas
con arrullos de olas.

Desde la orilla misma,
un grupo de gaviotas aburridas
contemplan tu alborozo.

 ¡Oh mar de Punta Umbría,
con cada nuevo otoño
te inventas un romance peregrino
con esa luna llena
que asoma su carita arrebolada
tras las verdes melenas de los pinos!

                                                                    Punta Umbría (Huelva) - Octubre,2016                                



domingo, 4 de marzo de 2018

Te volveré a escribir

                                         


                                        Te volveré a escribir largas cartas de amor
en las pausadas tardes del otoño
cuando el terrible sol del último verano,
cansado ya de ardores y relumbres,
comience a dormitar
pintando las fachadas de amarillo.

Te volveré a escribir bellas cartas de amor
cuando el húmedo viento del oeste
me traiga aquel perfume
que llenaba de gozo mis mañanas.
Cuando la fértil tierra de estos valles
muestre su desnudez lozana y cálida
y abra sus tersos surcos
a los besos de nuevas sementeras.

Te volveré a escribir
versos de soledad en la penumbra
cuando sobre mi frente se marchiten
las rosas encarnadas del recuerdo
y tus besos de entonces se transformen
en frágiles palomas que me icen
hasta lo azul de un cielo ya inmortal,
manso y definitivo.

Sé que pronto, muy pronto,
cuando el río salvaje que arrastra mi nostalgia
hasta el inmenso mar de algas ondulantes
se torne en estuario imperturbable, plácido, decisivo…
                                        te volveré a escribir.                          



domingo, 11 de febrero de 2018

Estaciones de la vida





Afuera, la algarabía
de chiquillos alocados
que no paran de jugar.
Dentro de mí, la alegría
de la juventud primera,
de esa feliz primavera
repleta de libertad.

Afuera, el sol del verano
y a veces  pasos furtivos
que van a ningún lugar.
Dentro tú y yo, desquitándonos
de tanto sueño oprimido,
de tanto libro didáctico
y de tanta soledad.

Afuera, las hojas muertas
bailando un rítmico vals
con el viento del otoño.
Dentro, nuestro dulce hogar:
dos retoños malcriados
y un amor tibio y cansado
de tanta mediocridad.

Afuera ruge el invierno
y el viento llama con furia
golpeando en el cristal.
Dentro yo, solo, decrépito,
llorando tu larga ausencia
y añorando aquel verano
en que me enseñaste a amar.