sábado, 21 de diciembre de 2013

Infancia






Hubo un tiempo con magia
en que el mundo cabía en nuestro barrio
y todo el universo, en nuestra risa.

Y era tal la inocencia,
que cualquier novedad era un asombro
y cualquier ocasión, una proeza.

Entonces la existencia
se llamaba ilusión
y, al igual que los ríos en primavera,
llegaba cada día tan crecida,
que anegaba las áridas riberas de la tarde
de juegos infinitos y de risas.

Eran risas por siempre a flor de boca,
manando a borbotones
ante el mínimo guiño de la vida.

Hubo un tiempo sin tiempo,
sólo un breve suspiro
pero, fue tan intenso
que asentó para siempre los cimientos
del frágil edificio
que habitamos después.

La infancia es una fábula,
un paisaje de ensueño sin pulir,
una dulce promesa de futuro.

La infancia es un tesoro
que sólo valoramos al final del camino,
cuando ya divisamos el abismo.






jueves, 5 de diciembre de 2013

Soneto XLIX (Amores)





Hubo un primer amor de risa y luna,
fue un amor con sabor a caramelo
que se quedó a vivir entre su pelo
velando sus ojitos de aceituna.

Llegó luego de forma inoportuna
un amor más real, de pies en suelo,
un amor de arrebato, de revuelo,
que duró lo que el sol de mi fortuna.

Y por fin, un estío sofocante,
cuando el trigo ya estaba sazonado,
llegaste tú con nieve en el semblante
para apagar mi fuego enamorado.

Te fuiste tras el viento de levante…
¡Nunca volvió el amor aquí, a mi lado!




sábado, 30 de noviembre de 2013

Razones para el verso (Estancia)



"Ningún hombre pondría una sola palabra en papel si tuviera el valor de vivir lo que cree" - Henry Miller



Escribir, ¿es acaso cobardía?
¿Es dormir la conciencia?
Escribir es volver a la inocencia
que perdimos un día.
Yo nunca escribiría
solamente por ocultar mis miedos,
¡sería cosa macabra!
Procuro que se abra
mi mente a la belleza de este mundo,
a ese sentir profundo
que sólo sé expresar con la palabra.

No se escribe tan solo por despecho.
Lo hacemos, sobre todo,
para dejar constancia de algún modo
de lo vivido y hecho.
Nos asiste el derecho
de contar nuestras penas y alegrías
a quien oírlas quiera.
No es ninguna quimera
el querer transcender desde esta vida,
el buscar la salida
al túnel de la muerte, tan certera.

Y así, canto a la luz que hay en tus ojos,
al brillo de tu pelo,
a la hoguera que prende en ese cielo
de atardeceres rojos.
Nunca pondré cerrojos
a mis versos, pues son libres cometas
cargados de ilusiones.
Siempre habrá mil razones
para pintar con ellos la belleza
y limar la rudeza
que habita en los sombríos corazones.