No sé muy bien por qué,
pero, cuando a la tarde
salgo en busca de soles
para olvidar enojos,
tengo la sensación
de que vas junto a mí,
de que me habla tu voz
y me miran tus ojos.
Y recorro el camino
prendido de tu anhelo,
soñando con el cielo
que a tu lado imagino.
No sé muy bien por qué,
pero, cuando a la tarde
navego por los montes
entre olas de matojos,
me susurran las flores
que no seré feliz
si no logro besar
esos tus labios rojos.
Y el río me traía
el frescor de tu boca
y esa tu risa loca
dando color al día.
Fotografía de Google
Cielo ceniciento
con nubes de plomo.
Tras el cementerio,
allá, por la sierra,
fugaces relámpagos.
Y aquí, junto al banco
del parque desierto,
una sombra pasa
corriendo, asustada...
La noche se cierra.
El alma, intranquila,
se encoge de pronto
detrás de la verja
cuando de repente,
allá por la sierra,
otro latigazo
de luz blanquecina
se hunde en la tierra.
Luego, el bronco trueno
que irrumpe en el valle,
rueda por los cielos
de esta ciudad mustia
que hoy parece muerta.
Las primeras gotas
gruesas se desploman
sobre los tejados
en la tarde negra.
Ya es noche cerrada.
El parque, sombrío.
Mi alma se encoge
detrás de la verja
-nuevo escalofrío-
Llegó la tormenta...
(Monosílabo.com es el foro de escritores al que pertenezco desde febrero de 2010. Este soneto pretende ser un homenaje al foro y a todos sus usuarios actuales y también a aquellos que un día fueron parte activa de él y que por diversas razones lo dejaron. Desde aquí os invito a todos a visitarlo y también a registraros en él para hacerlo cada día más grande.)
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