jueves, 12 de noviembre de 2015

Hojas muertas





Me llega lejana tu voz apagada

surgiendo del fondo dormido del tiempo
me dice que errante cual sombra liviana
vagas, nube esquiva, huyendo del viento.

Dice que tu mundo se ha envuelto en tinieblas

que el sol no ilumina la senda que pisas
que el llanto es ahora tu canción eterna
y es mueca deforme tu eterna sonrisa.

Que añoras un tiempo de risas y besos

un tiempo a mi lado de rosas y vino
que nunca entendiste qué viento contrario
alejó tus sueños de los sueños míos.

Que volver quisieras de nuevo a mi lado

que mueres de amor por mi amor perdido
que ya no soportas mi terco silencio
ni el frío glacial de este invierno frío.

Pero no comprendes que aquel que te amó

ya no está en el mundo feliz que tu sueñas
él también partió detrás de una sombra
siguiendo el camino de luz de tus huellas.

No supe vivir sin tener tu amor

no supe seguir si no era contigo
y una tarde gris de nubes sin sol
me adentré en la niebla y en la niebla sigo.

Es muy tarde ya para hablar de amor

la feliz canción se perdió en el tiempo
ya nada es igual, ya todo es pasado:
somos hojas muertas que se llevó el viento.




lunes, 2 de noviembre de 2015

Haikuaforismos ( I )


1
Llega Noviembre:
los muertos hacen planes
para su fiesta.

2
Al fin nos vamos
por donde hemos venido,
por los sollozos.

3
Son mis iguales
los que esta noche duermen
a cielo raso

4
¿Son refugiados
o bárbaros sin armas
contra el imperio?

5
Cosmos,galaxias...
infinitos que el hombre
violar querría.

6
De mil maneras
intenté amar al hombre,
todas en vano.

7
De nadie y mío,
mío el desasosiego;
mi amor,de nadie.

8
Mas, cada aurora
la tibia luz del alba
me trae versos...



domingo, 25 de octubre de 2015

El viejo del parque





Lo veo cada mañana 
arrastrando los pies por la avenida, 
parando en cada banco, 
mirando para atrás mientras toma resuello 
como llamando al orden 
a todos sus recuerdos. 

Inseguras y torpes, 
sus piernas ya no avanzan como antes, 
apenas las levanta ya del suelo, 
con trabajo lo llevan 
a buscar un rincón soleado este invierno. 

Sus ojos ya no miran para ver, 
si acaso solo miran por mirar 
como pasa la vida por delante 
de su gastado cuerpo. 
Sus días se suceden como árboles 
al lado del camino 
desde un tren desbocado. 
Monótonos, iguales, 
sin un mínimo brillo desde el alba 
hasta el oscuro ocaso. 

Hace poco, me paré junto a él. 
Hablamos de la vida, 
del frío, del calor, 
de sus sueños lejanos, 
de dolencias y achaques, 
de la vil soledad...
en fin, de todo un poco. 
Al irme, me sonrió. 
Y nunca vi sonrisa 
más cálida y sincera.

Una mañana fría del último diciembre, 
eché a faltar al viejo.
Una ligera brisa desprendía 
de los dormidos árboles del parque 
las hojas amarillas más tardías.
Brisa que a mi se me antojó lamento 
cuando se hizo viento 
que enredó su pesar entre las ramas. 

Y el viejo ya no vino. 
Ni ese día ni el siguiente. 
El viento ya sabía 
que nunca iba a volver 
a buscar su caricia en el verano, 
a rehuir su furia en el invierno. 

El viento lo sabía. 
Se fue a buscar la paz donde los días 
dejaran de pasar ante sus ojos 
como árboles al lado de la vía.