que no paran de jugar.
Dentro de mí, la alegría
de esa juventud
primera,
de esta felizprimavera
repleta de libertad."
..Y un día cualquiera, el milagro
de los almendros en flor. Esas ramas esqueléticas que aguantaron mil heladas a lo largo del invierno, de pronto, un amanecer, visten sus delgados cuerpos con finos trajes de tul. Trajes blancos y rosáceos tan frágiles como el sueño de una cándida doncella. Tan bellos como el azul de un cielo de primavera tras unas gotas de lluvia.
Un espectáculo inédito para los que no conocen estas tierras de sudor. ¡Todo el campo endomingado con trajes blancos, rosáceos, como nubes de algodón!
……………………
Tímida y joven primero, plena y ardiente después, llegaba la primavera. Un paisaje en blanco y negro dejaba paso al color. Amplios ríos de alegría inundaban todo el pueblo, y en las calles y en los campos comenzaban a sonar los vivísimos acordes de una mágica obertura: miles de arpegios dormidos en pentagramas de hielo despiertan de su letargo y, con renovados bríos, comienzan a interpretar la más bella sinfonía, la improvisada y eterna sinfonía de la vida...
¡Qué de voces de chiquillos por los patios, por los huertos! ¡Qué griterío de mujeres por las calles, en la plaza! ¡Qué explosión de vida nueva!
Borrachos de primavera nos pasábamos las tardes entre flores amarillas, entre trigos y amapolas, sobre peñas, entre riscos...
Nos bebíamos cual sedientos nuestros más felices años sin tan siquiera saberlo.
Luego,
sólo quedarían las cenizas de aquel fuego que alimentó nuestra infancia. Y es que el agua de ese río caprichoso que es la vida arrastró todas las brasas hacia un mar embravecido
“Estos días azules
y este sol de la infancia” – Antonio Machado,22 de
febrero de 1939. Colliure (Francia)
Este es el último
verso que escribió Antonio Machado. Lo encontraron tras su muerte en un papel
arrugado en el bolsillo de su chaqueta ese 22 de febrero de 1939 (hace hoy 81 años) en
el exilio.
¿Por qué será que
en los momentos cruciales de nuestras vidas todos volvemos a la infancia? ¿Será
quizás porque la infancia de cada uno de nosotros fue ese “lugar-tiempo” donde por
una vez (la única vez) nos sentimos dueños absolutos de nuestras vidas?
Me imagino al poeta
en ese último día, cuando ya presentía su muerte, volviendo a aquel sol de su
infancia sevillana que todo lo iluminaba, a aquellos días azules llenos de
alegría, de juegos, de dicha al fin y al cabo. De esa dicha que sentimos cuando
el tiempo es aún nuestro amigo y aliado y no ese monstruo en que se convierte
más tarde, cuando empezamos a ser conscientes de que día a día nos va devorando sin remedio.
Me lo imagino volviendo
con el pensamiento a aquel patio sevillano que aparece ya en el primer verso de
su maravilloso poema Retrato, del libro Campos de Castilla:
“Mi infancia son recuerdos de un patio de
Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero…”
Para un hombre de
la sensibilidad de Antonio, esos últimos meses en Francia debieron de ser un
infierno. Sin patria, sin amigos, sin alegría, sin vida…con el único consuelo
de cuidar de su madre anciana y enferma, como él. Recurrir entonces a aquellos
lejanos días azules era el único aliciente de un poeta elevado con todo merecimiento
a los altares del Olimpo poético, pero después, mucho después de su muerte.
Y es que por entonces,
en ese gélido invierno de 1939, Machado era solo un exiliado más de aquella
España gris y cainita donde los vencedores representaban todo aquello que él
siempre despreció: el autoritarismo, la barbarie, el odio y la venganza.
Sí, me imagino al
poeta en ese breve tiempo del exilio, cuidando de su madre anciana y recitando
una y otra vez aquellos versos suyos tan certeros y premonitorios:
“Al borde del sendero, un día nos sentamos.
Ya
nuestra vida es tiempo y nuestra sola cuita
son las desesperadas posturas que tomamos
para aguardar…Mas Ella, no faltará a la
cita.”
¿Se hará algún día
justicia con Antonio Machado? ¿A qué esperan los sucesivos gobiernos de esta democracia nuestra para
trasladar sus restos al lugar donde vivió su feliz infancia y juventud, a su
Sevilla natal? Creo que ya va siendo hora. Ningún país europeo se quedaría
cruzado de brazos ante una situación así, ningún gobierno sería cómplice de
semejante afrenta para con uno de sus más grandes poetas.