domingo, 14 de junio de 2020

A Huelva


Huelva, hermana ignorada
en los cuentos morunos.

Huelva, rebelde niña
que miraste al ocaso
en vez de a la Mezquita.

Huelva, emigrante eterna,
traviesa y marinera
y, a la vez, tan profunda.

Huelva ,la de Moguer
-cuna de Juan Ramón-
Huelva, la de Ayamonte
-faro de Portugal-,
la del Puerto de Palos
-de allí partió Colón-

Huelva, la de Doñana,
-belleza natural-
Huelva, la del Rocío
-locura universal-
Huelva de las marismas,
de Riotinto -el metal-

                              Huelva de los pinares,
                              de la sierra y del mar.



domingo, 7 de junio de 2020

INFANCIA: Primavera

           





                                                                              "Afuera, la algarabía
            
                                                                     de chiquillos alocados
                                                                                 que no paran de jugar.
                                                                                 Dentro de mí, la alegría
                                                                                 de esa juventud primera,
                                                                                 de esta feliz
 primavera
                                                                                 repleta de libertad."



             ..Y un día cualquiera, el milagro
de los almendros en flor.
Esas ramas esqueléticas
que aguantaron mil heladas 
a lo largo del invierno,
de pronto, un amanecer,
visten sus delgados cuerpos
con finos trajes de tul.
Trajes blancos y rosáceos
tan frágiles como el sueño
de una cándida doncella.
Tan bellos como el azul
de un cielo de primavera
tras unas gotas de lluvia.
Un espectáculo inédito
para los que no conocen
estas tierras de sudor.
¡Todo el campo endomingado
con trajes blancos, rosáceos,
como nubes de algodón!
      ……………………
Tímida y joven primero,
plena y ardiente después,
llegaba la primavera.
Un paisaje en blanco y negro
dejaba paso al color.
Amplios ríos de alegría
inundaban todo el pueblo,
y en las calles y en los campos
comenzaban a sonar
los vivísimos acordes
de una mágica obertura:
miles de arpegios dormidos
en pentagramas de hielo
despiertan de su letargo
y, con renovados bríos,
comienzan a interpretar
la más bella sinfonía,
la improvisada y eterna
sinfonía de la vida...

¡Qué de voces de chiquillos
por los patios, por los huertos!
¡Qué griterío de mujeres
por las calles, en la plaza!
¡Qué explosión de vida nueva!

Borrachos de primavera
nos pasábamos las tardes
entre flores amarillas,
entre trigos y amapolas,
sobre peñas, entre riscos...

Nos bebíamos cual sedientos
nuestros más felices años
sin tan siquiera saberlo.


Luego, sólo quedarían
las cenizas de aquel fuego
que alimentó nuestra infancia.
Y es que el agua de ese río
caprichoso que es la vida
arrastró todas las brasas
hacia un mar embravecido
que  nos llevó a la deriva
el resto de nuestros días.
                                                                    

sábado, 22 de febrero de 2020

"Estos días azules..."





“Estos días azules y este sol de la infancia” Antonio Machado,22 de febrero de 1939. Colliure (Francia)

Este es el último verso que escribió Antonio Machado. Lo encontraron tras su muerte en un papel arrugado en el bolsillo de su chaqueta  ese 22 de febrero de 1939 (hace hoy 81 años) en el exilio.

¿Por qué será que en los momentos cruciales de nuestras vidas todos volvemos a la infancia? ¿Será quizás porque la infancia de cada uno de nosotros fue ese “lugar-tiempo” donde por una vez (la única vez) nos sentimos dueños absolutos de nuestras vidas?

Me imagino al poeta en ese último día, cuando ya presentía su muerte, volviendo a aquel sol de su infancia sevillana que todo lo iluminaba, a aquellos días azules llenos de alegría, de juegos, de dicha al fin y al cabo. De esa dicha que sentimos cuando el tiempo es aún nuestro amigo y aliado y no ese monstruo en que se convierte más tarde, cuando empezamos a ser conscientes  de que día a día nos va devorando sin remedio.

Me lo imagino volviendo con el pensamiento a aquel patio sevillano que aparece ya en el primer verso de su maravilloso poema Retrato, del libro Campos de Castilla:

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
  y un huerto claro donde madura el limonero…”
 
Para un hombre de la sensibilidad de Antonio, esos últimos meses en Francia debieron de ser un infierno. Sin patria, sin amigos, sin alegría, sin vida…con el único consuelo de cuidar de su madre anciana y enferma, como él. Recurrir entonces a aquellos lejanos días azules era el único aliciente de un poeta elevado con todo merecimiento a los altares del Olimpo poético, pero después, mucho después de su muerte.

Y es que por entonces, en ese gélido invierno de 1939, Machado era solo un exiliado más de aquella España gris y cainita donde los vencedores representaban todo aquello que él siempre despreció: el autoritarismo, la barbarie, el odio y la venganza.

Sí, me imagino al poeta en ese breve tiempo del exilio, cuidando de su madre anciana y recitando una y otra vez aquellos versos suyos tan certeros y premonitorios:

“Al borde del sendero, un día nos sentamos.
 Ya nuestra vida es tiempo y nuestra sola cuita
son las desesperadas posturas que tomamos
para aguardar…Mas Ella, no faltará a la cita.”

¿Se hará algún día justicia con Antonio Machado? ¿A qué esperan los sucesivos  gobiernos de esta democracia nuestra para trasladar sus restos al lugar donde vivió su feliz infancia y juventud, a su Sevilla natal? Creo que ya va siendo hora. Ningún país europeo se quedaría cruzado de brazos ante una situación así, ningún gobierno sería cómplice de semejante afrenta para con uno de sus más grandes poetas.