lunes, 14 de octubre de 2013

Poeta de invierno






A ti mujer, que sufres, que te ahoga
 la soledad del pueblo.
A ti que, en veinte años, apenas conociste
qué hay más allá del río.
A ti, que te rebelas, por amor,
contra tu raza fría…
te escribo,
-recordando tus ojos,-
 estos versos de invierno.

Él llegará a tu vida
una tarde cualquiera de verano.
Te hablará de ciudades
que hay más allá del río.
Te dirá que tus ojos
son dos lagos turquesas, muy serenos.
Que tu pelo, tan negro,
dulce noche cuajada de luceros.
Que tu piel sonrosada
es tan sólo el reflejo
de un feliz corazón enamorado…
¡Te dirá tantas cosas!

Te amará con la aurora y,
después,
una tarde de bodas,
te llevará con él.

Por los caminos de tu infancia y la mía,
os marcharéis del pueblo.

Tú,
feliz, renovada, como el viento.
Él,
tu amor de verano.
Yo,
tu poeta de invierno.


                  
NOTA: Este poema, al que tengo un cariño muy especial a pesar de no ser gran cosa como poema, lo escribí hace ya muchos años (fue uno de los primeros). Era aún adolescente cuando tuve que dejar el pueblo para irme a estudiar bachillerato a la ciudad donde terminé viviendo y desde allí me acordaba a diario de su sonrisa. Y, aunque sabía que nuestras vidas iban a seguir caminos muy diferentes, aún pasaría mucho tiempo antes de poder olvidarla, aunque, si he de ser sincero, eso no ocurrió nunca del todo. Por eso, en una tarde de intensa lluvia, durante una aburrida clase de historia, surgió el poema.



domingo, 6 de octubre de 2013

Soneto XLVII (Culpa fue de ese viento marinero)










Culpa fue de ese viento marinero:
de repente elevó tu corta falda
que voló hasta la base de tu espalda
y dejó al descubierto el mundo entero.

Iba yo, caminante pasajero,
observando  la mar verde esmeralda
pero al ver la traviesa minifalda
se nubló mi razón y casi muero.

Fue tanta la elegancia de ese vuelo
inundando de sueños la mañana,
que también yo volé buscando el cielo.

Y es que al ver tu belleza tan cercana,
mi floja piel, ya fría como el hielo,
se mudó en tibia piel, tersa y lozana.




domingo, 29 de septiembre de 2013

El puente (Reedición)




                                 Puente romano de Alcántara (Cáceres), sobre el río Tajo.

                                      


He cruzado el viejo puente
sobre el río.

Apoyado en la baranda
he observado la corriente
y he sentido
deseos de tocar el agua,
de hundirme en sus remolinos,
por ver si haciendo el camino
sumergido en la corriente,
doy a mi vida sentido.

El río sabe donde va,
pero yo,
descarriado caminante,
he olvidado mi destino.

He cruzado el viejo puente
y, después de un tiempo eterno
observando la corriente,
he seguido mi camino.

                                             
                                                                Mayo-2010