domingo, 8 de mayo de 2016

Libélula





                                En leve vuelo, tus alas de cristal
irisadas al sol de la alborada
elevan sobre el lienzo del estanque
tu ingravidez de ninfa solitaria.

Espadilla de efímera existencia
que asombras con tu gracia al universo
es prodigio de técnica y belleza
                                el etéreo batir de tu aleteo.

Criatura quebradiza en apariencia
                                serás siempre la reina del remanso,
curioso predador de cien mil ojos,
bella herencia de un  tiempo cuaternario.


sábado, 30 de abril de 2016

La margarita

                                                               De la red



Un día se encontraron.
Se conocieron.
Ella dijo que él era una persona muy sensible.
Él dijo que ella también era una persona muy sensible.
Ella llegó a la conclusión de que eran almas gemelas.
Se conocieron más a fondo.
Y ella se enamoró de él.
Él, aunque también muy enamorado, tenía algunas sombras de dudas.
Por esa razón, se fue a ver a un jardinero al que contó sus cuitas.
Y el jardinero le dio una margarita.
Él se marchó deshojando la margarita y, cuando le salió el SÍ, corrió veloz al lado de su amada para declararle su amor…

Pero cuando él llegó, su amada se había ido del brazo del jardinero.
Y él se quedó mirando el tallo pelado mientras pensaba en lo efímero que puede llegar a ser el amor, tan efímero como las hojas de una margarita…





viernes, 22 de abril de 2016

A un espíritu libre


                                     
De la red




Ayer supe de ti después de tanto tiempo
y recordé tus trenzas a los catorce años
como dos centinelas que guardaban celosas
tu adorable sonrisa de inquieta adolescente.
Y recordé tus ojos de un azul contundente,
dos zafiros robados a la tierra salvaje
en las lejanas minas de un país oriental
para ser engarzados en el marco perfecto
de tu atezado rostro de princesa gitana.

Ayer…ayer supe de ti.
Me dijeron que habitas en el reino del viento
y con él vagas libre, sin rumbo, sin destino, 
siguiendo sus vaivenes, sus giros caprichosos,
bebiéndote la vida sin ahogarte en sus aguas.
Y no me sorprendí, sabes que te conozco.
Tú nunca regresabas al punto de partida.
Tú jamás te volvías a mirar unos ojos
tras dejarlos bañados en lágrimas amargas.
Con tu feroz belleza derruías murallas,
con tu loca pasión ahogabas voluntades
y después te alejabas del lugar del naufragio
dejando los cadáveres pudriéndose en la playa
bajo el tórrido sol del eterno abandono.
Ni el frío, ni la lluvia, ni el calor, ni la niebla
lograron retenerte entre cuatro paredes.
Tú salías cada noche a buscar el amor,
 un amor sin amarras, sin cargos ni  promesas.
Nunca supiste amar una vez solamente,
nunca bebió tu sed de fuente solitaria:
tú anhelabas beberte todo el mar, sorbo a sorbo…

Ayer supe de ti y volví a preguntarme
después de tanto tiempo si aún recuerdas mi nombre.
Supongo que ya no, que para ti soy nada
cómo mucho, si acaso, un número en tu agenda,
una luz mortecina en tu cielo fulgente…

Ayer supe de ti y se me vino encima
como un alud de rocas pesadas, colosales
el muro aquel de adobes que un día levanté
con la firme esperanza de separar por siempre
de mi frágil memoria tu incendiario recuerdo.

Ya ves, no te olvidé, nunca pude lograrlo,
¿acaso puede alguien olvidarse del cielo
cuando el cielo gimió un día entre sus brazos?