sábado, 7 de enero de 2017

Aquella muchacha de dulce mirar


Fotografía de Tkliwi Nihilisci


Siempre estará el verano
prendido en su sonrisa.

Soportaba los días
con impaciente calma
esperando las noches
porque ellas me traían
su plácida mirada
que buscaba la mía
para romper distancias.

¡Nenúfar seductor
decorando el remanso
del río de la gente
que anegaba el paseo!

                        Miradas como estrellas
                        que incendiaban la noche:
                        sólo eso…¡y fue tanto!

¡Casi no te sabía
y lucías en mi cielo
como Venus al alba!

Tú eras lluvia de mayo
para mis ilusiones
de náufrago en arenas
transitando desiertos
en busca de vergeles.

 ¡Niña de ígneos ojos
que eclipsaban la luz
de todo un firmamento!

Si mi sed arreciaba
en mitad de la nada,
escribía tu nombre
en un papel sin alma
y un fresco manantial
brotaba a borbotones
de mi fértil nostalgia,
saciando mi estiaje.

Una vez, entre lirios,
me acerqué tembloroso
a tu cuerpo de diosa.
Me dejaste rozarlo
y al tocar tu cintura
descubrí que la gloria
es un lugar que existe
también aquí, en la tierra.

Ahora, ¡sólo recuerdos
que afloran sin permiso
de mi terca memoria! 

¡Qué pena conocerte
con sólo quince años
 y toda una existencia
 en impaciente espera
 detrás de las montañas!

¡Ella me llevó lejos
de tu boca encarnada!

sábado, 17 de diciembre de 2016

Peregrino


                     


Esta baldía soledad poblada
que aletarga el batir de mi aleteo,
este vagar sin ir, este paseo
por la orilla de un alma atormentada,

me dicen que, de todo, apenas nada
paró en dogma de aquello en lo que creo,
en tesoro de aquello que poseo
o en sueño placentero en mi almohada.

Y es que viví cual ciego peregrino
poniendo en mi viajar todo el empeño
por afrontar el rol de mi “destino”

y  me dejé olvidado tanto sueño,
tanta canción de amor por el camino,
que hoy apenas de nada soy ya dueño.

                                                    Soneto LXIV-2016



miércoles, 23 de noviembre de 2016

Telarañas




Nunca conocí a nadie como ella. Reía a carcajadas mientras lloraba por dentro. Incluso hacía reír a quienes rodeaban su tragedia. Mas, ninguno se dio cuenta de nada, nadie se percató del sentido último de su risa fingida. Nadie excepto yo. Me di cuenta enseguida, en una de aquellas primeras tardes de octubre nubladas y aburridas. Esa tarde se reía de todo, de las cosas más nimias. Y mientras se reía, miraba con  angustia  las feas telarañas de aquel antro sin alma. Pero yo ya sabía –lo aprendí de una diosa imposible y lejana- que cuando alguien ríe de verdad, mira siempre a los ojos de los otros, de los que ríen con él, nunca a las musarañas y menos a las telarañas…Por eso me di cuenta.Y enseguida pensé: “Su alma está también prendida en telarañas de tristeza por las que seguramente desfilan legiones de gotitas del rocío con vocación de lágrimas…”

Unos meses más tarde -¿recuerdas?- me dijiste aquello tan bonito de “tú me quitaste todas las telarañas de mis sucios rincones”.Pero las arañas son laboriosas, no paran de tejer siniestros hilos. Por eso regresaron a tu alma. Y esta vez fui yo, con mi adiós incomprensible y repentino, el que las despertó de su plácido sueño. Y no tengo perdón, bien que lo sé. Pero tal vez te sirva de consuelo saber que yo también terminé cayendo en una sucia red de telaraña, más grande aún que la tuya, más siniestra: la dolorosa telaraña de tu larga ausencia, de tu eterno olvido.