viernes, 5 de abril de 2019

Crepúsculo






Y al abrirse la rosa de la tarde
 tras los serios cipreses de San Marcos,
recordaré tus ojos ambarinos
abiertos a la vida sin desmayo,
ebrios por la pasión, libres de pena,
sin ocasión ni tregua para el llanto.

Tus ojos que, una tarde ya lejana
de susurros del viento entre las lilas
y aromas seductores junto al río,
me miraron con tal furia y deseo
que dejaron mi soledad eterna
ya por siempre poblada de alegría.

Al abrirse la rosa de la tarde
soñaré que te tengo aquí, conmigo,
como entonces... Y creeré que el tiempo
-frágil como la lluvia del rocío-
se detuvo enredado entre tu pelo
aquella primavera en que tus labios
besaron por primera vez los míos.

Mas, al llegar la tenebrosa noche 
cubriendo con su manto mi nostalgia,
 usurpando mis sueños a hurtadillas,
dos  lágrimas furtivas harán cauce, 
cual ríos desbordados de amargura, 
por la agostada piel de  mis mejillas.

domingo, 10 de febrero de 2019

Besos de menta



¡Amor primero
de adolescencia!

Caricias blancas,
besos de menta.
Verde frescor
bajo la luna,
sobre la hierba.

¡Primer amor
sin experiencia!

Van extasiados
cual dos ascetas
entre el gentío.
Tan abrazados,
tan encendidos,
quemando el mito
de la inocencia.
Sendas sin fin,
calles oscuras,
siempre vagando
sin rumbo fijo...

!Mas, llega el llanto
por las ausencias!

Sombras sin alma
cuando se ha ido.
Volando errantes
cual mariposas
extraviadas,
de flor en flor,
de calle en calle
buscando el brillo
de su mirada.
   
¡Penas sin bridas
en sus nostalgias!

Mas cualquier tarde
llegan noticias
de aquél amigo
de aquella amiga
casi olvidada
que los reclama
que los añora
que los convoca
y allá se marchan
y pronto olvidan
 aquel amor
 aquellos besos
-besos de menta-
verde frescor
bajo la luna
sobre la hierba

¡Amores locos
de adolescencia!

Fugaces nubes
breves chubascos:
lluvia de abril
sin fe ni charcos.

Amores locos
de adolescencia:
un arco iris
entre tormentas.




lunes, 26 de noviembre de 2018

Espejismo




Llegaste a mi vida desde el desamparo
de un mundo sin alma que ataba tus manos,
venías sonriendo, con miedo en los ojos,
buscando el calor que abriera tus alas.

Creíste que yo podría ser la llama
que obrara el milagro de tu eterno vuelo,
pero no sabías que el frío de mi alma
era aún más frío que el gélido hielo.

Te acogí a mi sombra sin un plan previsto,
sin pena ni gloria, sin táctica alguna.
Pasaron los días y no cambió nada,
tan solo dejé de hablar con la Luna.

Pues eran tus ojos los que me alumbraban
en noches oscuras de lluvia, de viento
y era tu belleza de diosa cercana
la que me llenaba de gozo por dentro.

Celebré el triunfo sin triunfar en nada,
por el solo hecho de verte a mi lado.
Creí que la vida me daba un abrazo,
que era de justicia lo que fue un milagro.

Nadie me engañó, me engañé yo solo,
porque obvié tus ojos abiertos a un sueño,
porque no besé tus labios rosados,
porque nunca, nunca te dije “te quiero”…