martes, 6 de diciembre de 2022

Un amor sin fin

 

No busqué la flor, la flor me encontró

una tibia tarde con nubes de agua

y pétalos granas de aromas confusos.

Me encontró desnudo, sin luz ni argumentos,

sin fuerzas, sin ganas, sin apenas vida.

 

Volvía yo de un mundo de vasos y coplas

con miel ya reseca por entre los labios

y un cerril empeño en abrazar la luna.

Ella regresaba de romper cadenas,

libre cual curiosa y feliz mariposa

en busca de nuevos estambres en flor.

Sus ojos, de un color violeta como en los ocasos,

 miraban los míos desde la baranda

de un gran altozano colgado de abril.

Yo, pequeño y mudo por tanta hermosura,

me quedé clavado en el lodo del tiempo,

en el barro espeso de mi desconcierto,

en la nube negra de mi timidez.

 

Desde ese momento y a partir de entonces,

comenzó a alejarse de mi soledad.

Ella no sabía –jamás se lo dije-

que ella fue el milagro que tanto esperé:

 eterna utopía hecha realidad.

 

Se quedó conmigo unos meses más

tal vez esperando también su milagro.

Pero no llegó.


A pesar de todo, se marchó despacio,

como disculpando su magia infinita.


Me quedó el fantasma de su pelo al viento,

de sus ojos fijos en mi indefensión.

Su tiempo y el mío nunca coincidieron

y el posible amor se quedó en tesoro de tosco latón

encerrado en cofres con musgos de olvido.

Mas, yo no olvidé.

Fue un amor sin besos, sin alma, sin tiempo.

Un amor sin fin.

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 19 de noviembre de 2022

Ojalá

Ahora no es consciente de lo que pierde o gana
tiene una espesa venda tapándole los ojos.
Una venda llamada juventud.
 
Ojalá que la vida mejore sus jugadas
para que nunca jamás sienta el deseo
de volver al pasado a recoger los trozos
de aquellos sueños rotos que se fueron quedando
ocultos y olvidados al lado del camino.
¡Pedazos de una vida que ya no se unirán!
 
Ojalá que en las tardes de invierno con tormenta,
cuando las nubes bajas congelen las sonrisas
y los truenos cercanos opriman la razón,
disponga de un refugio apacible y seguro
donde acallar sus miedos.
Para que nunca jamás sienta el deseo
apremiante, cercano, irrefrenable
de regresar al antiguo refugio 
de los brazos de aquel amor primero
que un día dejó partir sin importarle,
sin apenas luchar por retenerlo .
 
Ojalá.

sábado, 22 de octubre de 2022

El beso que no te di

 

No suelo yo partir con un adiós.

Sólo dije: "Hasta pronto"

Pero no te moviste de mi lado.


Caía mansa la lluvia

mojando mi inquietud

y tu silencio.


Y allí, en la oscuridad,

a la vuelta del mundo,

respirando tu aliento,

fueron tantas las ganas de besarte,

fue tan fuerte el deseo,

que, al fin, no te besé.


(Siempre fui un tipo ducho

en matar los impulsos

y en revivir los miedos)


Y ese beso frustrado

se lo guardó la noche

para ella,

en su cajón de risas y de estrellas...


Y desde entonces,

cada vez que te pienso,

como ahora,

la noche me recuerda

que la única dueña de aquel beso

es ella y solo ella…

 

Que se lo regalamos,

a la vez,

mi enferma timidez

y mis temores necios.

 

¿Puede ser que ese beso que entonces no te di

duela más que los otros, los que después he dado?


Puede ser.

Yo lo sé.

Me sigue como sombra dondequiera que voy,

como un negro fantasma noctámbulo y helado.


Ese beso que entonces no te di

es ya parte de mí...

 

¡Imposible olvidarlo!