domingo, 18 de febrero de 2024

EL JUEGO DEL AMOR

 


 
El amor es un juego y, como juego,
depende del destino, del azar.
Pocas veces se gana.
Casi siempre se pierde.
Mas, no por ello dejamos de jugar.
 
Si en alguna ocasión –feliz encuentro-
te viste triunfante en el amor,
ese fue para ti tu gran fracaso
porque a seguir jugando te animó.
Y buscaste otro amor por todas partes,
el mismo amor que un día te colmó
y comprobaste que nada es como antes
porque amores iguales nunca hay dos.
 
Amar sí, con pasión en cada encuentro
procurando que no se apague nunca
la hoguera que mantiene su calor.
Mas, si un día de repente se apagara
la imprescindible llama del amor,
nunca intentes hacer brotar el fuego
de esa hoguera ya extinta y apagada,
pues en frías cenizas se tornó.
 
Busca nuevos caminos en el viento
para avivar de nuevo la ilusión.
Haz que brote con fe la nueva hoguera
y olvídate de sueños y quimeras:
¡porque amores iguales nunca hay dos!
 

 

 

jueves, 11 de enero de 2024

¡V u e l v e!

 


Vuelve.
Regresa hasta mi sombra fría y rota.
Tómala de la mano y no la sueltes más.
Preséntate en mi puerta una mañana
y ocúltala del sol de mi nostalgia.
Trae contigo el calor que ahora me falta.
Tu cálida y perfecta luz primera,
la misma que encendía de dicha la tristeza,
la misma que nos hizo reír a borbotones
aquella tarde cálida de estío
cuando una inesperada tolvanera
nos robó de las manos el pañuelo
y lo puso a jugar a ser cometa.
 
Llévame hasta el pasado, tan lejano.
Regrésame al instante fantástico, preciso
en que toda la dicha consistía
en correr abrazados a la vida
tras cualquier sueño loco que surgía,
de repente, de no se sabe donde,
sin planes ni motivos,
pero que nos hacía vibrar tras su demencia.
 
Regresa aunque no entiendas la causa del regreso.
Para sentir de nuevo, como entonces,
aquella tempestad de risas inocentes
tras cada vuelo súbito y fugaz
de cualquier gorrión entre la hierba.
Aquella euforia viva, interminable,
que nos hacía reír hasta el ocaso
y nos hacía soñar hasta la aurora.
 
Regresa aquí, a mi lado.
Aunque solo te encuentres ya el fantasma
de mi errática sombra extenuada
de tanta noche en vela,
de tanto sueño roto en el camino,
de tanta espera vana
sin saber en el fondo qué se espera..
 
Si algún día volvieras –sueño iluso-
todo el tiempo perdido en perpetuarte
se tornaría en días luminosos
al tenerte de nuevo en mi conciencia.
Y cada instante entonces
sería una sinfonía de colores,
un concierto de vida y armonía.
La música ideal para amansar
los miles de demonios que me habitan.
Volverían a brillar, como brillaban,
con luz propia, sin penas ni tormentos,
cual soles encendidos y cercanos,
cada hora infinita junto a ti.
 
En esta Navidad insulsa y fría,
vuelve a mi corazón mustio y herido,
regresa a mi vivir, infancia mía,
para que todo vuelva a ser de luz,
para que vuelvan a tener sentido
cada uno de los días de este invierno
que me congela el alma y la memoria
mientras me acerca inexorablemente
al abismo final, definitivo.
 



jueves, 7 de diciembre de 2023

Sin ti



Huyendo de mi sombra,
negra estela cautiva de tus besos,
llegué con algo turbio en la mirada
porque nunca vi a nadie sonreírme.


En las frías mañanas de noviembre,
entre cuatro paredes angustiadas
de oír tanto silencio,
me escapaba a través de la ventana
hacia el cielo infinito
y buscaba tus ojos ambarinos
entre unas nubes,
tan frágiles, tan vacuas,
que se me hacían hilachas desprendidas
de aquel vestido blanco que,
una noche de encendida pasión,
te dejaste enredado entre las zarzas.


Nunca pude encontrar tus ojos en lo alto.
Ni tampoco,
en el fugaz destello de las aguas del lago
donde un amanecer absurdo y lila
pensé en ahogar mi llanto.
Nunca encontré tu nombre entre la hiedra
que abrazaba el alero.
Ni pude ver jamás,
entre los crisantemos amarillos,
tu sonrisa hechicera.


Tan sólo,
aquellos gorriones ateridos
que, entre las ramas bajas de un chopo plateado,
me cantaban,
una tarde de lluvia y arco iris,
nuestra triste canción.


Eso fue todo.


Y mientras, yo,
malgastando mi vida, dando tumbos
cual barco a la deriva,
por mares procelosos e incoloros.
Saboreando,
en cada atardecer gris y vacío,
con cada sorbo de pena con limón,
el recuerdo agridulce de tus besos...


                                    2011 (Reposición)